Bailar hasta la muerte. La enfermedad existe, se llama coreomanía o epidemia del baile y tiene casos registrados desde la Edad Media hasta el siglo XVII. Eran grupos en movimiento hasta el sacrificio. Una idea que de alguna manera retomó José Vidal cuando creó su reinterpretación de La consagración de la primavera, de Igor Stravinsky.
La versión de José Vidal llevó ese rito al colectivo, con 47 cuerpos que guían una experiencia sensorial. Olor, color, temperatura, textura, movimiento y sonido envuelven a los espectadores que entran descalzos a la sala. «Vivir una experiencia intensa de rito contemporáneo es un espacio vital para sentirnos parte de un tejido colectivo. La invitación es a permitir que surja la emoción, el éxtasis, el decante emocional también, y por esto la pieza propone la participación sensorial a través de un medio ambiente, así como también cuando las personas son invitadas a integrarse al rito escénico», cuentan sus creadores.
En la obra, los primeros minutos de la composición de Stravinsky son tratados a través de loops manteniendo el viaje evolutivo de la partitura. Esta original metodología musical de la pieza fue creada por el compositor Jim Hast. Desde un trabajo vocal y el estudio de la música, se desarrolla un lenguaje de movimiento, también incorporando elementos de danzas urbanas como hip-hop y house, y música electrónica. En el remontaje del año 2017 para Holland Festival, fue necesario reversionar la música, un trabajo realizado por Andrés Abarzúa y Jim Hast en base a las mismas estrategias compositivas.
Otra de las novedades de esta versión, además de participar bailarines del elenco original e histórico, es la incorporación de nuevos intérpretes y la participación desde Alemania, de Lena Strüetzke y Victor Bolzmann, invitados gracias al apoyo del Goethe Institut.
- Esta obra presenta música de alto volumen, desnudos, sonidos retumbantes, oscuridad total por largo tiempo, humo y/o polvo en suspensión, uso de aromas.
Fotografía María Jesús Ossa