Archivo Brügmann publica investigación patrimonial que documenta 186 años de matrimonios en Chile por medio de 200 fotografías

El libro Archivo Brügmann: Fotografías de matrimonios en Chile 1840–2026 reconstruye, a través de 200 imágenes rescatadas de remates, desvanes y donaciones familiares, lo que las fotografías de boda revelan sobre sus respectivas época: el color del vestido que marcaba la clase social, la ley que definía el lugar de la mujer, la hora en que había que terminar el brindis para llegar antes del toque de queda. El libro, editado junto a Amo Santiago con el apoyo del Fondart Región Metropolitana 2025, se lanza el 27 de mayo a las 19:30 hrs por zoom.

En Chile, casarse de blanco no siempre fue una tradición: fue, durante décadas, una cuestión de dinero. Conseguir una tela fina en ese tono y mantenerla impoluta estaba al alcance de muy pocas familias chilenas del siglo XIX, por lo que lo habitual era llegar al altar de negro, burdeo, azul o simplemente con el mejor vestido disponible. El negro, lejos de ser una elección económica, era a menudo una pieza de gran calidad: bastaba añadir un velo blanco y flores de azahar para convertirlo en atuendo nupcial. El ideal de la novia de blanco llegó desde Europa de la mano de las revistas de moda –tras la boda de la Reina Victoria en 1840– y tomó décadas en imponerse. Ese es uno de los hallazgos que recorre Archivo Brügmann: Fotografías de matrimonios en Chile 1840–2026, la nueva investigación del Archivo Patrimonial Brügmann que se lanza el miércoles 27 de mayo a las 20:00 hrs por zoom. En más de 220 páginas y con 200 fotografías, el libro examina qué revela sobre Chile –sus costumbres, sus clases sociales, sus momentos políticos– el registro de uno de los rituales más íntimos y colectivos de su historia a lo largo de 186 años.

La pregunta que organiza el libro es aparentemente simple: ¿qué se puede leer en una fotografía de matrimonio? La respuesta, como muestra la investigación, es casi todo. El color y el corte del vestido muestran la época y la clase social. La puesta en escena –si la foto fue tomada en un estudio profesional, en la puerta de la iglesia o durante la fiesta– habla de los códigos de cada década: hasta mediados del siglo XX era habitual que los recién casados interrumpieran el camino entre la iglesia y la celebración para tomarse el retrato formal en un estudio fotográfico, una práctica que fue desapareciendo con la era digital. La iglesia elegida ubica a la familia en el mapa social de su ciudad. Los regalos exhibidos junto a los novios revelan la economía de los invitados. Incluso la presencia de curiosos aglomerados en la vereda –una tradición popular hoy casi extinta– dice algo de cómo el matrimonio fue, hasta hace no tanto, un espectáculo colectivo.

Las fotografías que componen el libro provienen de décadas de recopilación paciente de los investigadores Fernando Brügmann y Mario Rojas Torrejón, fundadores del Archivo Patrimonial Brügmann: mercados de pulgas, remates, desvanes familiares, donaciones de herederos que encontraron cajas de imágenes sin rostros conocidos. Son en su mayoría fotografías vernáculas y anónimas que, de no haber sido rescatadas, habrían desaparecido para siempre. Cada imagen fue identificada, fechada y, cuando fue posible, investigada: quiénes son sus protagonistas, dónde se casaron, qué pasó con sus vidas. A ese trabajo de archivo se suma el análisis histórico de la historiadora Magdalena Dittborn Callejas, que recorre las transformaciones legales, económicas y culturales del matrimonio en Chile.

“Más que un simple registro, la fotografía nupcial funcionaba como una declaración pública: no solo documentaba la unión de dos personas, sino también el encuentro de familias, patrimonios y proyectos de vida”, explica Fernando Brügmann. “Por lo mismo, constituyen una memoria visual indispensable para comprender quiénes fuimos y quiénes somos”, añade Mario Rojas. “Resguardar este tipo de acervos no es solo un ejercicio de nostalgia, sino también una herramienta para proyectarnos hacia el futuro”.

Entre los hallazgos más sorprendentes está el lugar que ocupaba la mujer dentro del matrimonio como institución. “Durante gran parte del siglo XX, la mujer casada era legalmente considerada una ‘incapaz relativa’”, explica Dittborn. “Dependía del marido incluso para administrar sus propios bienes, una condición que se mantuvo hasta casi fines de siglo”. Así, el ajuar –las sábanas, manteles y ropa de cama que la novia bordaba con iniciales meses antes de la boda– no era solo una tradición doméstica: era la forma en que la mujer preparaba, puntada a puntada, la vida que la ley ya había definido por ella. El libro rastrea también cómo esa definición legal fue cambiando: desde la figura del matrimonio civil obligatorio hasta la irrupción del Acuerdo de Unión Civil en 2015 y la entrada en vigencia del matrimonio igualitario en 2022, hitos que ampliaron radicalmente quiénes podían protagonizar esa escena reconocible de dos personas que deciden encontrarse.

Archivo Brügmann: Fotografías de matrimonios en Chile 1840–2026 también rastrea cómo las celebraciones se adaptaron a los momentos políticos más críticos: en la década de 1970 y 1980, era habitual terminar el brindis a media tarde para llegar a casa antes del toque de queda. “El ritual del matrimonio –y todo lo que lo rodea– nunca ha sido estático: cambia en sus formas, en sus ritos, en sus maneras de celebrarse. Es, al fin y al cabo, un espejo de su tiempo: social, económico y cultural. Y es precisamente ahí, en esos detalles que dan forma a la celebración, donde cada época deja su huella”, enfatiza Dittborn.

Entre las bodas documentadas aparecen algunas con interés histórico adicional: la del ex Presidente Sebastián Piñera con Cecilia Morel el 21 de diciembre de 1973, pocas semanas después del golpe, en una ceremonia íntima en Santiago; el matrimonio del ex ministro del Interior Edmundo Pérez Yoma con Paz Vergara Larraín en 1965 –donde asistió el ex Presidente Eduardo Frei Montalva–, y la boda del artista visual Claudio Di Girolamo con Carmen Quesney Besa en 1955 con un desayuno sencillo junto a los vecinos de la población donde se habían conocido haciendo voluntariado. Bodas que comparten páginas con otras donde, si bien los novios no eran figuras públicas, las fotografías que registran la celebración aportan datos y costumbres igualmente reveladoras. Como el de una novia que en plena Unidad Popular, cuando las telas escaseaban, confeccionó su vestido con chales de lana chilota que encontró en una tienda de CEMA Chile. O la boda de José Padilla Caroca, católico cuasimodista de 24 años, y Susana Arriagada Cisternas, agnóstica y militante socialista de 32, quienes en 1974 se casaron en el registro civil con ella vestida de rojo. “En cada boda, en sus gestos y detalles, hay algo más que una fiesta: el reflejo de una época”, dice Dittborn.

El libro cierra en 2026 con el matrimonio de Florencia Ibarra y Benjamín Alcalde, dos influencers que al día siguiente de casarse se vistieron nuevamente de novios para visitar a los abuelos que no habían podido asistir a la ceremonia. El video de ese gesto se volvió viral: una imagen contemporánea que conecta directamente con algo que el libro muestra en cada una de sus páginas: que la necesidad de ritualizar el matrimonio –de dejarlo registrado, de compartirlo con quienes uno quiere– no ha cambiado en más de 180 años. Lo que cambia, década a década, es cómo.

Vía zoom
Miércoles 27 de mayo de 2026

Archivo Brügmann publica investigación patrimonial que documenta 186 años de matrimonios en Chile por medio de 200 fotografías El libro Archivo Brügmann: Fotografías de matrimonios en