
Signals Beneath surge de una colaboración interdisciplinaria en curso entre los artistas e investigadores Pedram Baldari y Nooshin Hakim Javadi, en asociación con el ingeniero y músico Rodrigo Cádiz. Desde 2022, su práctica colectiva se ha desarrollado a través de proyectos iterativos impulsados por la investigación, que abordan el sonido, la materialidad y los datos como sistemas de conocimiento co-constitutivos.
Esta colaboración se materializó por primera vez en Diatomic Variations: The Occurrence of Sounds From the Fossilized Past (2024), una escultura sonora interactiva desarrollada a partir de muestras de suelo recolectadas en la región de los Grandes Lagos y exhibida en el Weisman Art Museum, en Minnesota. Este proyecto tradujo datos ambientales de sitios afectados por infraestructuras extractivas en un instrumento sonoro interactivo, modelado a partir de sistemas de control de oleoductos, estableciendo una base metodológica fundamentada en el trabajo de campo, el análisis de laboratorio y la sonificación de datos.
La exposición Signals Beneath, presentada en Galería Macchina, es una instalación audiovisual que opera como un sistema de circuito cerrado entre el suelo, los datos ambientales y el tacto humano. Muestras de tierra chilena son suspendidas en contenedores de suero etiquetados con información sobre sus características. Micrófonos de contacto, fijados a las bolsas, capturan microvibraciones cuando los visitantes interactúan con ellas, transmitiendo estas señales a un sistema que genera sonido envolvente.
Un monitor cardíaco funciona como interfaz visual, traduciendo múltiples flujos de audio en líneas vitales en movimiento. En conjunto, estos elementos crean un entorno audiovisual en permanente evolución, moldeado por las condiciones del suelo, la degradación ambiental y la presencia humana. Al conectar los ciclos del carbono, la vitalidad ecológica y el compromiso corporal, Signals Beneath vuelve perceptibles —a través del sonido— los procesos invisibles que ocurren bajo la tierra.
La exposición extiende y transforma este enfoque, pasando de una interfaz instrumental singular a un sistema distribuido y multicanal, en el que el suelo mismo se convierte en un campo en red de percepción y expresión. Mientras que el proyecto anterior se centraba en la traducción de datos ambientales en sonido a través de una interacción controlada, esta instalación se expande hacia una ecología más relacional y espacial, donde el sonido circula entre cuerpos, materiales y tecnologías. A través de ambos proyectos, la práctica de los artistas investiga cómo las historias extractivas, las condiciones ecológicas y los sistemas tecnológicos pueden hacerse perceptibles no como datos abstractos, sino como experiencias encarnadas, afectivas y participativas.