“Transparencias, reflejos y trascendencia”

Con la presente muestra, “Transparencias, reflejos y trascendencia”, la decimocuarta de la Colección Joaquín Gandarillas Infante, queremos abrir un horizonte de contemplación y reflexión sobre un tema, en apariencia intrascendente y meramente utilitario, como es el de los cristales y espejos, que encierra empero una poco conocida profundidad; profundidad que es múltiple a interdisciplinaria: histórica y simbólica, teológica y existencial; artística y científica.

Desde los inicios de la humanidad, las superficies transparentes y reflectantes han fascinado al hombre por su potencialidad para dejar pasar la luz, de ver a través, y de reflejar la propia imagen o la del mundo circundante. Se les han atribuido así mágicos poderes y un halo misterioso e incomprensible que conservan hasta hoy, pese a que la ciencia ha develado en buena parte sus secretos.

La historia de cristales y espejos, a pesar de su aparente simplicidad es compleja, ya que encierra múltiples aspectos que parten por sus materiales y elaboración lentamente perfeccionada a través del tiempo, implicada en una una técnica y en un arte; su simbología binaria, de objetos maravillosos, vinculados al ámbito religioso y sobrenatural por una parte, junto a su condición riesgosa de prácticas de magia negra, relacionadas al demonio y al mal; su asociación al progreso, por los avances que significan en la vida cotidiana –hoy no se concebiría un entorno  privado de ellos- y en la ciencia, desde la óptica y la astrofísica a la medicina, la psicología y las ciencias de la comunicación; y finalmente, su vínculo con la literatura, de la cual han inspirado tantas obras inmortales, como con la arquitectura, que se ha recubierto de ellos, la pintura, la escultura y las artes aplicadas.

De esta historia hemos querido mostrar algunos fragmentos a través de las obras artísticas que los presentan o representan en la Colección. En el arte virreinal, el vidrio y el espejo tienen un estatuto de alto valor cultural, económico y social, así como de un amplio simbolismo teológico. El vidrio, en forma de ojos policromados en los rostros de las imágenes sagradas, les otorgan vida y realismo, estableciendo con sus espectadores un intercambio de “miradas” y una complicidad. Fanales y vitrinas para las imágenes constituyen una sutil protección y a la vez separación entre los ámbitos sagrado y profano; y en la custodia el cristal permite mostrar el cuerpo de Cristo en las ceremonias y celebraciones en torno a él. El espejo, reflejo de perfección en la teología especular de la Edad Media al Barroco, elaborada desde la Antigüedad por eminentes filósofos y teólogos del mundo clásico y cristiano, es uno de los atributos fundamentales de la Virgen María como ejemplo de virtudes, que se prodiga en su figuración Inmaculada. También el espejo integra retablos y altares en las iglesias de la región, donde se busca apresar en el reflejo el resplandor divino, mientras en la esfera civil, contribuye a consolidar el naciente proceso de individualismo e identificación, con amplias repercusiones sociales e incluso políticas desde comienzos del siglo XIX.

Cristales y espejos son, en suma, una temática de múltiples facetas, de amplia irradiación y contribuyen a comprender mejor las dificultades y logros en la construcción de sí mismo y del mundo, tanto del micro como de macrocosmos a nivel local y global. 

Ignacio Sánchez D., Rector

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