“Kintsugi” cicatrises de Oro, la resiliencia convertida en Arte

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Desde el momento de su creación, o incluso desde antes, un objeto acumula una historia. No se puede considerar nunca un objeto acabado. Algo antiguo lo es hoy algo menos que el próximo año, algo nuevo puede dejar de serlo por un rasguño. Las cosas evolucionan desde la  nada y hacia la nada.

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El arte japonés Kintsugi  se remonta al siglo XV consiste en arreglar las fracturas de los objetos de cerámica que con el tiempo o por accidente se han agrietado o sufrido algún desperfecto. Las fracturas de estos objetos de cerámica se arreglan con la ayuda de un barniz de resina mezclado con polvo de oro. El Kintsugi, por tanto, no sólo se convierte en un arte, sino también en una filosofía de vida donde las roturas de los objetos son vistas como un elemento que embellece al propio objeto en lugar de afearlo, es decir, el Kinsugi valora por encima de todo al objeto y tiene especial cura cuando este se rompe. Su filosofía hace que en lugar de tirar el objeto, este objeto se recupere, se restaure para que, a través de la restauración, luzca de nuevo más fuerte y con toda su historia y esplendor.

El objeto pasa a  convertirse en algo más, algo con un valor añadido y en el que el concepto reparación adquiría un nuevo y valioso significado. Además de ser un bello arte, el concepto reparación hace que  se pueda relacionar el término Kintsugi con la resiliencia.

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Kintsugi o la resiliencia convertida en arte

La cultura japonesa es una cultura con un alto sentido de la espiritualidad. De hecho, junto con el término Kintsugi, también existe la expresión Wabi-sabi que consiste en hallar la belleza de los objetos rotos, viejos o deteriorados. Esto hace que el verdadero valor de un objeto no radique exclusivamente en su belleza externa, sino en la historia que dicho objeto posee. La sociedad actual, la sociedad occidental ha perdido en interés por restaurar lo viejo o roto. Y esto se debe a que en su escala de valores se relaciona lo bello con lo nuevo o lo que es lo mismo, se aparta lo viejo y roto para ser sustituido por algo nuevo y moderno. Esto es algo que puedes hacer con un objeto. Pero, ¿qué pasa cuando trascendemos el objeto a una persona, a una persona rota y deteriorada por dentro? Ahí es donde el término resiliencia juega un papel fundamental.
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La resiliencia es como la ‘capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas’. Por tanto, al igual que el Kinsugi, la resiliencia habla del valor de la reparación como una manera de salir de una situación traumática. Lo que hace la resiliencia es preparar a la persona ante la llegada de una situación traumática o dolorosa.

El cuerpo y el alma de las personas, al igual que cualquier objeto de porcelana, es frágil y está expuesto al paso del tiempo. Y ese paso del tiempo desgasta la cerámica, pero también desgasta tu cuerpo y tu alma hasta que llega el día en que te rompes no sólo por fuera mediante el llanto, sino también por dentro a través de la pena y el sufrimiento. Pero lo bueno que tiene dicha rotura tanto en el objeto como en el cuerpo y alma es que tiene la posibilidad de repararse mediante el polvo de oro en los objetos de cerámica y mediante la resiliencia en las personas.

La vida que vives está repleta de grietas, de muchas roturas. Hay momentos en tu vida en que estás roto por fuera y por dentro. La resiliencia te ofrece la oportunidad de devolverte la sonrisa y  recomponer tu alma y tu espíritu para que una vez restaurados cuerpo y alma, al igual que un objeto de porcelana expuesto al Kintsugi, pueda resurgir con toda su fuerza y toda la determinación para sobreponerse a los obstáculos que la vida te pone por delante.

Así como la cerámica es reparada con barniz de resina mezclado con polvo de oro, el cuerpo y el alma de una persona se puede reparar mediante la resiliencia, algunos ingredientes emocionales  tu propia reparación:

*Auto conocerse para ser consciente de cuáles son tus puntos fuertes que necesitarás usar en una situación traumática.*Descubrir en ti aquellas habilidades que te hacen destacar en algo y que podrás usar para salir de una situación difícil.
*Potenciar al máximo los hábitos saludables basados en una buena alimentación, ejercicio moderado, reducción del estrés y sueño reparador.
*Aprender a escuchar de forma activa y empática a aquellas personas que pueden ayudarte no sólo desde la palabra, sino también desde el corazón.
*Fomentar la autoestima reforzando positivamente aquellas actuaciones que te hacen mejor.
*Aprender a solucionar tus propios conflictos a través de la formulación de preguntas abiertas que tú mismo debes responder.
*Fomentar la bondad y la asertividad contigo mismo y con los demás.
*Tener una actitud ante la vida optimista.

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Estos son algunos de los ingredientes de la resiliencia que, al igual que el polvo de oro, harán posible que puedas restaurar tu cuerpo y tu alma y también te permita poder ayudar a todas aquellas personas que, estando a tu alrededor, también se han roto por dentro.

Convertirse en un persona resiliente hará posible que puedas recomponerte por dentro y por fuera. De hecho, lo que fomenta el Kintsugi es que seas tú mismo el que restaures tu propio plato. Con la resiliencia pasa igual. De lo que se trata es de que tengas las estrategias suficientes para poderte restaurar a ti mismo e incluso tener la capacidad para restaurar a los que más quieres, a los que de corazón te importan.

Historia del arte Kintsugi

Al Shogun Ashikaga Yoshimasa se le rompió su cuenco de té favorito. Como era un hombre muy poderoso decidió hacer lo imposible por reparar aquel objeto y lo mandó al lugar en China donde se había fabricado, con la esperanza de que aquellos artesanos le devolviesen la vida. Esperó y esperó hasta la mañana en que volvió el cuenco. Pero entonces el soberano sufrió la más grande de las decepciones. Se había reparado con unas grapas de metal que no alcanzaban a unir las grietas y que lo inutilizaban para su uso en la ceremonia del té, además de afearlo y privarlo de la delicadeza que tanto apreciaba en él.
El Shogun Ashikaga era conocido por su determinación y haciendo gala de esa cualidad siguió creyendo que la reparación era posible. Esta vez mandó a artesanos japoneses que encontraran una solución, y que desarrollaran una técnica para reparar cerámica que uniese perfectamente las juntas. Así nació el Kintsugi, que significa unión con oro’, la ‘reparación con oro’ o la ‘carpintería de oro’.

Kintsugi Event at the Daiwa Anglo-Japanese Foundation in London.

Que esta leyenda sea cierta o no carece de importancia, lo cierto es que el Kintsugi logra, además de reparar la pieza, transmutar las heridas en la principal característica a destacar del objeto.
Llegó a tener tanta popularidad esta técnica en el S. XVI, que se dice que algún coleccionista rompía intencionadamente su cerámica para aspirar a poseer un Kintsugi.

Actualmente las antigüedades reparadas mediante esta técnica son más apreciadas que las que no se han roto nunca, es una especie de contrasentido que sólo se entiende admirando las cicatrices de oro que surcan su superficie.

Fuentes: Elzendelascosas Justificaturespuesta